23 de noviembre de 2010

SOBRE UNA EXITOSA OPERACIÓN COMERCIAL


Hace unos meses, en una de esas llamadas que colman nuestros teléfonos, me propusieron contratar un nuevo servicio con el compromiso de que mi factura no se iba a ver afectada, acostumbro a rechazar todo lo que venga por esa vía pero se dio la situación de que no fui yo quien cogió el teléfono y el servicio en cuestión implicaba recuperar algún canal que habíamos dejado de ver con el apagón analógico y traía un incremento en la banda del ADSL. Es decir, que al saberse de la oferta en casa entraron a jugar los intereses de mas de un habitante de la misma por lo que, con aquello de que mi factura no iba a verse afectada, terminamos contratando dicho servicio.

Por supuesto que cuando llega la factura se confirman mis reservas. El saldo casi duplicaba lo acostumbrado. Como es de suponer el disgusto de tropezar ya ni se cuantas veces con la misma piedra pero de inmediato nos pusimos en contacto con la operadora para ver por donde estaba la trampa. El caso es que luego de las consabidas protestas me remitieron a no se qué sección y me ofrecieron efectivamente durante seis meses mantener el anterior saldo y con la posibilidad de renovarlo cuando venza el plazo.

Pero aquí es interesante detenerse porque descubrí la razón de algo que siempre me había llamado la atención, la cantidad de “descuentos” que aparecen en el desglose de cualquier factura de operador de telefonía, en este caso la factura no se alteró por los nuevos servicios pero, al cambiar de oferta, los “descuentos” ya no tenían validez, así, “inocentemente”, la factura fue mayor.

Decía que me lo corrigieron por unos meses, es decir, que pronto si no llamo a que me renueven eso me cargarán los “descuentos”, supongo que eso hasta que definitivamente me rinda o termine convirtiendo en tradición el llamado a renovar el que me mantengan ese “privilegio”.

Por supuesto que la factura primera, esa que me hizo ver que sí crecía, esa ya le he pagado así que como mínimo me han birlado una vez.

En fin, que de esta he podido salir mas o menos airoso .... por ahora.

Hube de dedicarle mis mas profundos pensamientos escatológicos a los antepasados de todos los dueños de operadoras telefónicas que son los mismos que los de los bancos, equipos de futbol, antaño también constructoras, etc. Los verdaderos próceres a quienes rendimos culto ofrendando nuestro dinero de por vida,

Una vez recobrada la poca tranquilidad que me está quedando me puse a reflexionar y es lo que quiero compartir aquí:

Esta operadora de telefonía, supongamos, contrata, pagando por objetivos, a 10 personas que se encuentran en paro y los pone durante una semana a llamar para ofertar estos servicios “sin que afecte a la factura del consumidor”, pongamos que hacen cien llamadas cada uno, es decir mil. De esos mil, la mitad accede a lo pedido, pero resulta que los contratados tenían que conseguir 70 cada uno y por no cumplir el objetivo se van a la p... calle, es decir, un ahorro para la empresa.

A esos quinientos consumidores de hecho se les duplica la factura ese mes, por distintas razones unos solo cuatrocientos llaman a reclamar, o sea, cien caen la trampa en este paso y en adelante empiezan a pagar el doble en su factura.
El siguiente paso son los cuatrocientos que reclaman, se le explica lo de los “descuentos” y doscientos terminan resignándose porque ya llevan un mes con los nuevos servicios y les pesa más tener que volver a la conexión anterior que es significativamente mas lenta.

Entonces quedarán unos doscientos, y creo que me excedo, que se ponen pesados. A esos los remiten a otro operador que le promete seis meses con la factura con saldo similar al que tenían.

Queda el siguiente paso que es cuando se cumplen los seis meses ... al final todos caeremos.

Resultado, una operación comercial altamente exitosa, en menos de un año 500 pringados, número hipotético en este caso, están pagando el doble de lo que pagaban y con una mínima inversión. Claro, hay que pasar por alto la mas mínima referencia a algo parecido a lo que conocemos como ética, no hablo de legalidad porque es eso precisamente lo que no llegamos a tener claro.

Sin dudas la reflexión que aquí hago es algo sabido, a lo que estamos acostumbrados pero también está nuestra incultura como consumidor, la mayoría ignoramos hasta donde podemos reclamar.

Pero es que además no estamos protegidos por los que se supone sean nuestros representantes, y esto lo afirmo porque soy realmente muy malpensado. ¿Qué puestos ocupan estos señores cuando se retiran de la política con las pensiones que les pagamos de por vida?. Pues pasan a ser altos ejecutivos de este tipo de empresas, como para complementar las mentadas pensiones. Entonces ¿Les importa que estemos protegidos como consumidores? Yo tengo mi opinión muy personal.

No es nada difícil imaginar la situación análoga en el sector de la venta de prensa, de las distribuidoras en posición de monopolio con respecto a lo que ellos llaman sus puntos de venta. Pero, ¿Tendría qué tocar ese tema ahora?