Nadie está exento de rellenar impresos varias veces al año, es increíble cómo, a pesar de tanto hacerlo, siempre te quedan dudas teniendo en cuenta las formas en que te plantean que respondas, no es que tenga muy estudiado el asunto pero supongo que haya habido una evolución que al final te convierte en el número de tu DNI.
Ni que decir al converger las nuevas tecnologías con la publicidad, el marketing, la “protección” de datos, encuestas y toda esa aparentemente inservible bazofia con que a diario nos topamos, debe funcionar si es que tanto se hace.
Siempre me molestó quedarme en blanco en alguna pregunta, hace mucho concluí que cuando eso pase es que me quieren sacar una información adicional que, con toda probabilidad me negaría de preguntárseme directamente.
Una de las preguntas que me hacen dudar a menudo es la referente a la profesión, no soy la primera persona que se prepara para algo y termina dedicándose a otra cosa, pocas veces se distingue del todo entre profesión y ocupación, yo tengo claras ambas cosas pero en lo que me dedico, mi ocupación, ¿Soy un profesional?
Es cierto que la experiencia en una función te hace estar más capacitado, especializado para realizarla pero, salvo la herencia del negocio, por lo general se debería tener un grado de formación antes de iniciar cualquier actividad. Por lo que he podido observar en estos años y por mi experiencia personal, en la venta de prensa esto es una especie de lotería pero como máximo el premio es el reintegro y creo que me excedo
A mí me bastó con saber leer, eso aparte de disponer de un préstamo para cubrir traspasos, fianzas, etc. El resto ha sido deambular dando tumbos hasta que más o menos adquirí una rutina en mi hacer, la persona que me traspasó el negocio hizo lo que pudo pero tuve que aprender la mayoría de las cosas, y lo sigo haciendo, en el día a día, incluso admito que en muchos casos puede que sea hasta cuestión de fe, es decir, que me creo que estoy en la última.
Es curioso, pero todo esto me ha venido a la mente con la experiencia de los primeros contactos reales con colegas de la “profesión” y a través de internet, por ejemplo, en una de las últimas columna de ADI se describe con mucho ingenio, una especie de duelo entre quiosqueros por la supervivencia, con la expectativa de los que se benefician del hecho de que en realidad no seamos una profesión, un oficio, un gremio o como se le quiera llamar. Lamentablemente lo que debería ser y se produce en otros gremios es para nosotros una utopía. Al final ya por cansancio aceptamos esta realidad y no dejemos de mirar con cierto resquemor a los quiosqueros vecinos. No dejo de pensar, lo confieso, en que estaría muy bien si desparecieran un par de kioscos cercanos ... o tres (ya puestos)
Y es que el hecho de que no seamos un gremio como tal, de que no exista, a mi entender, la profesión del vendedor de prensa, hace que miremos al vecino de esa forma. Yo trato de mostrarme corporativista ante el cliente pero en el fondo doy saltos de alegría cuando se consuma la migración de un cliente a mi kiosco y tengo muy claro que eso no se produce debido a una “sana” competencia comercial, más bien es la escenificada lucha por la supervivencia ilustrada en el brillante relato de Gárgola al que me refería arriba.
Lo cierto es que contra la realidad poco se puede hacer y en, prácticamente, todos los sentidos la realidad tiende a favorecer que sigamos dando tumbos, desunidos, ignorantes, sin discriminar realmente por la calidad de nuestro trabajo, nuestro oficio. Es un hecho que seamos muchos, que el pastel es cada vez menor y lo que toca a cada cual se reduce cada vez más. A ver si llega el día en que se pueda afirmar que no cualquiera puede ser vendedor de prensa y que eso esté en función de la formación, la profesionalidad del aspirante entonces nuestra lucha, nuestra competencia será mas como un deporte que como una desesperada pelea por la supervivencia. Yo sinceramente lo preferiría.
Ni que decir al converger las nuevas tecnologías con la publicidad, el marketing, la “protección” de datos, encuestas y toda esa aparentemente inservible bazofia con que a diario nos topamos, debe funcionar si es que tanto se hace.
Siempre me molestó quedarme en blanco en alguna pregunta, hace mucho concluí que cuando eso pase es que me quieren sacar una información adicional que, con toda probabilidad me negaría de preguntárseme directamente.
Una de las preguntas que me hacen dudar a menudo es la referente a la profesión, no soy la primera persona que se prepara para algo y termina dedicándose a otra cosa, pocas veces se distingue del todo entre profesión y ocupación, yo tengo claras ambas cosas pero en lo que me dedico, mi ocupación, ¿Soy un profesional?
Es cierto que la experiencia en una función te hace estar más capacitado, especializado para realizarla pero, salvo la herencia del negocio, por lo general se debería tener un grado de formación antes de iniciar cualquier actividad. Por lo que he podido observar en estos años y por mi experiencia personal, en la venta de prensa esto es una especie de lotería pero como máximo el premio es el reintegro y creo que me excedo
A mí me bastó con saber leer, eso aparte de disponer de un préstamo para cubrir traspasos, fianzas, etc. El resto ha sido deambular dando tumbos hasta que más o menos adquirí una rutina en mi hacer, la persona que me traspasó el negocio hizo lo que pudo pero tuve que aprender la mayoría de las cosas, y lo sigo haciendo, en el día a día, incluso admito que en muchos casos puede que sea hasta cuestión de fe, es decir, que me creo que estoy en la última.
Es curioso, pero todo esto me ha venido a la mente con la experiencia de los primeros contactos reales con colegas de la “profesión” y a través de internet, por ejemplo, en una de las últimas columna de ADI se describe con mucho ingenio, una especie de duelo entre quiosqueros por la supervivencia, con la expectativa de los que se benefician del hecho de que en realidad no seamos una profesión, un oficio, un gremio o como se le quiera llamar. Lamentablemente lo que debería ser y se produce en otros gremios es para nosotros una utopía. Al final ya por cansancio aceptamos esta realidad y no dejemos de mirar con cierto resquemor a los quiosqueros vecinos. No dejo de pensar, lo confieso, en que estaría muy bien si desparecieran un par de kioscos cercanos ... o tres (ya puestos)
Y es que el hecho de que no seamos un gremio como tal, de que no exista, a mi entender, la profesión del vendedor de prensa, hace que miremos al vecino de esa forma. Yo trato de mostrarme corporativista ante el cliente pero en el fondo doy saltos de alegría cuando se consuma la migración de un cliente a mi kiosco y tengo muy claro que eso no se produce debido a una “sana” competencia comercial, más bien es la escenificada lucha por la supervivencia ilustrada en el brillante relato de Gárgola al que me refería arriba.
Lo cierto es que contra la realidad poco se puede hacer y en, prácticamente, todos los sentidos la realidad tiende a favorecer que sigamos dando tumbos, desunidos, ignorantes, sin discriminar realmente por la calidad de nuestro trabajo, nuestro oficio. Es un hecho que seamos muchos, que el pastel es cada vez menor y lo que toca a cada cual se reduce cada vez más. A ver si llega el día en que se pueda afirmar que no cualquiera puede ser vendedor de prensa y que eso esté en función de la formación, la profesionalidad del aspirante entonces nuestra lucha, nuestra competencia será mas como un deporte que como una desesperada pelea por la supervivencia. Yo sinceramente lo preferiría.
2 comentarios:
Niño, te falta el de cortar cupones. Adelante, es muy bueno...
Ya lo he puesto, la verdad es que debo poner mas dedicación a este blog, gracias
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